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Coger aire

Correr es mi rap. Mi poesía, mis letras y cada una de las patas que sostienen sus formas. Correr como presente, como agonía y como despertar, como expresión, como liberación, como libertad. Estar presente estando ausente. Ser yo, sin dejar de ser el paisaje que me envuelve.

Vuelvo a escribir. Recupero el bolígrafo en mis manos, que se sujeta fácilmente entre unos dedos cansados. Un paréntesis demasiado alargado en el texto limitado de una vida que no ha dejado de escribirse a marchas forzadas, con trazos gruesos en una hoja de papel arrugada por volar por el aire sin pertenecer a ningún sitio. Por no sujetarse sobre ningún escritorio ni sobre ninguna carpeta, por nunca permanecer inmóvil, flotando en la nada de la impermanencia, en la consciencia de la realidad fugaz.

Sigo inquieto aun estando inmóvil. Trazo cada palabra con la lentitud y paciencia de un artesano dispuesto a tallar una buena pieza, con soltura pero sin descuidar ningún detalle. Hace un tiempo, un año atrás, escribí un texto que titulé “Reinvención”, o la resurrección de un cadáver. Estaba estancado para mí mismo, con más dudas que realidades y con proyectos que salían de mi mente y de mis manos hacia todos lados, frustrado por no tener tiempo para realizarlos. Volé de allí, volé con nuevas ideas y con el mundo por delante para hacer los sueños una vez más realidad. Yo creí en ellos y en mí mismo, pasé todo el otoño sin más pretensión que volver a ser yo mismo sin más ayuda que la de un sueño viejo, y lo conseguí, y fracasé, sí, al mismo tiempo.

Volví a casa, o a lo que quedaba de mi amor por ella y el choque fué devastador. Nunca busqué el reconocimiento pero el rechazo que encontré tampoco lo había esperado. Yo corro por mí y para mí, para mi propio descubrimiento y placer, para mi propio crecimiento personal. Si haces algo distinto, si eres diferente, serás apartado, la manada no te considerará uno de los suyos, pero ahí creo que consiste realmente tu ventaja.

Miro una vez más la pantalla del cajero y sigo sin saber cómo reaccionar, si falta un dígito al número que me muestra o si no lo había visto venir. Un 2 aparece consistentemente al otro lado del cristal, pese a mis intentos por scar y meter la tarjeta varias veces, delatando por última vez mi precaria situación social. Un dos te martiriza, te aplasta y te somete. Un 20 quizás significa que las cosas están mal pero van mejorando y un 200 que tienes algo de espacio para respirar, pero mi 2 sigue inmóvil la decimotercera vez que pulso en el botón de reiniciar. Lo malo es que creo que se va a quedar ahí por bastante tiempo.

Casi no hubiera imaginado nunca un verano sin todos aquellos proyectos y todas esas montañas a las que quería viajar, todas esas aventuras por vivir y un día más me levanto sin saber si he tocado fondo o si el fondo está aún más abajo. Necesito intoxicarme de nuevo, asique com y bebo todo lo que me ofrecen, la caridad me acompaña mientras el sol se apaga tras una ventana que nunca pensé en volver a levantar. Sí, estuve aquí antes y tras un largo paréntesis he regresado para un largo tiempo, quizás para siempre.

Creer en los sueños te hace vulnerable pero te mantiene indudablemente a flote. Seis años más tarde mis sueños casi se han esfumado y me espera una nueva entrevista de trabajo que nunca he buscado, que hace unos meses me hubiera parecido una broma. Vuelvo a un lugar sin montañas y con un futuro incierto y un pasado demasiado largo. Cojo aire, camino hacia el sol que atardece por el monte de detrás de mi casa sin cuestionarme nada, sólo tratando de que mi pie me deje avanzar aunque sea despacio, zancada a zancada. Me alegro de si no puedo correr estar aquí, ya que así tengo una excusa para no estar en las montañas. La vida es dura y nunca ha sido fácil conseguir un sueño que muy pocos logran sin tener ningún medio para intentar alcanzarlo.

Cojo aire. Comienzo por cortarme el pelo, para recordarme que ha empezado una etapa nueva, sin duda la más compleja hasta ahora, donde más que nunca debo luchar por lo ue quiero cada día y cada gota de sudor. Me siento por primera vez en el lugar donde por primera vez conocí a la que fué mi pareja, cerrando el círculo por fin. Estoy en casa.

Comienzo de nuevo, desde abajo, desde cero. Comienzo de nuevo y este paso atrás es sólo para coger el impulso necesario. Si tiene que pasar algo, tiene que pasar ya.

Julio 2016

Aranda