por

T.

T. era casi un proscrito. Ni él mismo sabía quien era o quien quería ser. Vivía encerrado en un contenedor de basura mental, anclado a pasado y con vista difusa al mirar hacia adelante en el tiempo.

T. Tenía un buen coche, ni excelente ni básico, aunque él siempre estaba tratando de hacer que pareciera mejor. Su más notable hobby o afición era lavar y aspirar su vehículo una y otra vez, hasta que se le acabara el agua o las fuerzas. No tenía nada de enigmático y mucho menos bohemio o seductor. Su retrete era de plástico y prefería el baño a la ducha de plato. Su piel parecía de cartón y su expresión no era más que fachada.
Suculento. Clarividente. Estúpido a trozos.
Un trozo de carne con más pinta de estar perdido que tratar de llegar a laguna parte. Estudiaba, al menos decía hacerlo, le vimos sobre una mesa, arqueado hasta tocar con su cabeza la hojas que de él pendían y los ojos cerrados. Perdido. Soñaba con mujeres sedosas, con pechos turgentes y con disposición sensual por las tardes, y por
las noches las ponía imagen. Por las mañanas sólo dormía.